viernes, 24 de diciembre de 2010

Felicidades

El hecho de decir “felicidades” o “feliz Navidad” durante los días previos al 25 de diciembre no es algo ligero. Cuando alguien dice “feliz Navidad”, de alguna manera le está deseando a la otra persona que tenga una noche alegre, placentera, sin preocupaciones de ningún tipo, rodeada de sus seres queridos. Se lo desea sólo porque sabe que la noche del 24 y la madrugada del 25 se celebra la Navidad. O simplemente se celebra, da igual. Pero sólo esa noche.
Aquellos que dicen “felicidades” le desean todo eso a una persona, eternamente. Lo paradójico es la frialdad que aparenta esa palabra. Suena más institucional, más para un compañero de trabajo o alguien conocido en circunstancias impensadas. El afecto es relativo en este caso. Y a su vez, no lo es tanto en “Navidad”. Porque en esas siete letras recae siempre un halo infantil, un recuerdo feliz de las épocas más tempranas. Un momento en el que las “felicidades” lo cubrían todo.
De cualquier forma, la convención y algún sentimiento que a veces se le desprende dictan que por estas fechas, se le desea bienestar al prójimo. Felicidades.

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